Y... SI NO ME TIENEN FE...

A Sejo le dolía horrorosamente una muela. Ya había tomado calmantes y nada. Era de noche y la cosa perfilaba mal.
En casa, teníamos Actron 600, esas cápsulas blandas, con gel adentro. Yo pensé:
1- No es alérgico al ibuprofeno porque ya las ha tomado muchas veces.
2- La muela tiene un cráter considerable, por lo tanto, el nervio debe estar bastante expuesto.
3- Podría abrir una cápsula y mandarle el gel (ibuprofeno) directamente en el hueco de la muela.
El efecto sería más rápido y directo. Todo un descubrimiento mío, un día cualquiera, a la nochecita.
Pero todo supuesto debe tener una prueba, en lo posible en humanos, y yo misma arriesgué mi pellejo en tan noble misión: pinché la pastilla y me puse una gota en la lengua. Resultó una cosa amarga y picantísima, pero nada más.
Le comuniqué a Sejo mi idea y el resultado de mi ensayo en humanos y agarrándose la cara asintió. Claro que estuve mal, debería haberle hecho FIRMAR su consentimiento, porque así, sin otra prueba de su voluntad de someterse a mi ejercicio ilegal de la medicina, estuve a punto de terminar presa.
Abrió la boca y le puse el contenido de media cápsula en el interior de la muela.
- ¿Sentís algo?
- No, nada- me contestó
- ¿Te pongo un poco más?
- Bueno - dijo.
Y le puse el resto de la cápsula.
Lo dejé en el baño y tranquila por su inminente mejoría, me senté en la compu a jugar un rato.
A los dos minutos salió del baño: los ojos abiertísimos como nunca se los había visto en mi vida, tosiendo, tomándose el cuello con las manos y haciéndome señas de que le diera agua.
En ese instante sentí que se iba a morir ahogado, ahí, delante mío, con el vaso de agua en la mano y agarrándose el cuello con la otra.
Mientras él tosía, tomaba agua y volvía a toser, yo lloraba. Le decía que iba a llamar a la emergencia y revisaba nerviosa el celular buscando el número. Él, entre tos y tos me hacía señas de que no, y pedía más agua, y tosía , y tomaba, y tosía....
Cuando estuvo un poco mejor me dijo que no era que no pudiera respirar, sino que el gel tan fuerte y picante se le había ido a la garganta, que era una sensación horrible y que no podía parar de toser. No era un edema de glotis ni ninguno de mis otros diagnósticos.
Me quedé largo rato con palpitaciones y una angustia terrible, pero no me prescribí ninguna medicación, ya que mis primeros pasos en la investigación médica no tuvieron buenos resultados. Eso sí, el dolor se le pasó, o, por lo menos, se le olvidó.








































































